Territorios y territorialidades en Malvín Norte: ciudades en comunicación

 

Ponencia en XI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC)

GT 15: Comunicación y Ciudad

Montevideo, 2012

www.alaic2012.comunicacion.edu.uy

 

 

Álvarez Pedrosian, Eduardo

(Antropología Cultural – Dpto. de Ciencias Humanas y Sociales, Ciencias de la Comunicación, UdelaR, Uruguay)

 

Hoffmann, Federico

(Programa APEX Grupo Cartografía Social – Geografía, Facultad de Ciencias, UdelaR, Uruguay)

 

Robayna, Alejandro

(Geografía Humana y Análisis Espacial – Dpto. de Geografía, Facultad de Ciencias, UdelaR, Uruguay)

 

 

Resumen

 

Objetivos y/o tema central a abordar:

 

Abordaremos las características de los procesos comunicacionales existentes en Malvín Norte (Montevideo), partiendo de los fenómenos espaciales allí implicados, en tanto dimensión de construcción de subjetividad. La elección del área de estudio responde principalmente a demandas provenientes de la Facultad de Ciencias ubicada en su interior, y a la necesidad de establecer formas de comunicación con sus habitantes. Asimismo, dicha porción de ciudad guarda características sobresalientes en relación a la heterogeneidad de territorialidades existentes (asentamientos irregulares, complejos habitacionales genéricos y cooperativos, y amanzanamiento tradicional). La fragmentación y repliegue de las unidades territoriales sobre sí mismas, las estéticas y sus configuraciones expresivas, representacionales y mediacionales en general, constituyen problemáticas a ser abordadas. A su vez, durante los últimos años, se ha venido consolidando una mirada parcial del barrio, resultante de crónicas policiales, que reducen su compleja realidad al calificativo de “zona roja”. En tal sentido, mediante la intervención universitaria, procuramos revalorizar distintas miradas de pro-tagonistas del cotidiano de Malvín Norte, posibilitando la conexión y el encuentro entre las partes, siendo la mencionada Facultad una de ellas.

 

 

Caracterización del estudio, experiencia o reflexión teórica propuesta:

 

El estudio de carácter empírico se lleva a cabo a partir de la puesta en diálogo de saberes provenientes de las ciencias de la comunicación –en particular en la senda de la antropología cultural y la filosofía de la subjetividad y la comunicación– y la geografía. Abordar lo urbano como entidad de estudio nos exige poner en consideración diversas perspectivas, pero todas ellas recalan en la necesidad de estudiar la creación de espacialidades como formas de habitar la ciudad: como lugar político, de intercambios y producción de sentidos y significaciones, disposiciones y formas de vida socialmente producidas y reproducidas. El abordaje de una zona tan extensa y heterogénea, lo hemos llevado a cabo a partir de cuatro estudios de caso donde se ha profundizado. Los locus de análisis e intervención constituyen distintos tipos de entidades: se trabajó en dos asentamientos irregulares, uno de ellos en proceso de regularización in situ y el otro no; y en dos instituciones de diferente tipos y alcances: el Centro Cultural Malvín Norte, donde convergen vecinos de todo el barrio más los promotores culturales, y finalmente un centro educativo (nivel secundario) localizado allí, al que concurren adolescentes que habitan en Malvín Norte y otros que provienen de otras zonas y hasta regiones.

 

Enfoque y/o metodología de abordaje:

 

El enfoque responde a lo que en la UdelaR se denomina Espacio de For-mación Integral, en tanto práctica que articula las funciones de enseñanza, investigación y extensión, y que permite profundizar en diferentes metodologías de problematización e intervención en territorio y con la comunidad. Bajo nuestra coordinación, cuatro grupos interdisciplinarios conformados por estudiantes de grado de Ciencias de la Comunicación y Geografía llevan adelante la experiencia concreta de trabajo. Para ello se utilizan metodologías y técnicas provenientes de ambos campos en la búsqueda de las convergencias y enriquecimiento transversales: la elaboración de cartografías sociales con los habitantes, entrevistas en profundidad con los mismos, y recorridas en el terreno, registro sonoro, visual y fílmico. El enfoque comunicacional es el etnográfico, basado en la observación participante y focalizado en los procesos de subjetivación en tanto producción de sentido y significación, en este caso, relativos a la espacialidad. El dispositivo montado tiene como productos dichas cartografías sociales así como documentales de corte etnográfico, todo lo cual ha sido puesto a consideración de los propios protagonistas, como parte de instancias comunicativas y de autoevaluación con la comunidad, lo que nos permitió se-guir proyectándonos a futuro.

 

 

Introducción

 

La ponencia reúne algunos resultados del Espacio de Formación Integral (EFI) “Territorios y Territorialidades en Malvín Norte: una aproximación a través de sus subjetividades”, desarrollado durante 2011 en forma conjunta entre docentes y estudiantes de las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación y Geografía y de las unidades de extensión de ambos servicios universitarios. Se abordan las características de los procesos comunicacionales existentes en dicha zona, partiendo de los fenómenos espaciales allí implicados, en tanto dimensión de construcción de subjetividad.

Los EFI constituyen prácticas educativas que articulan las funciones de enseñanza, investigación y extensión, mediante la problematización y transversalización de saberes en experiencias concretas, contextualizadas y territorializadas. “Los EFI son dispositivos flexibles que se conforman a partir de múltiples experiencias educativas en diálogo con la sociedad, asumiendo diferentes formas de reconocimiento curricular según las características de cada servicio universitario” (Tommasino y Rodríguez, 2011:20). En nuestro caso, la práctica integral formó parte de las actividades formales de cada curso, así como propició el encuentro entre los docentes en la conformación de una línea de investigación e intervención de más largo alcance.

 

Aprender a investigar sobre la comunicación desde y en comunicación con quienes constituyen los fenómenos en cuestión, desde un enfoque general dialógico del vínculo con los sujetos y colectivos donde se busca producir encuentros y conexiones donde ello es lo más problemático, es una forma de disponer de un escenario de actuación, un laboratorio en el sentido genérico, un contexto de extensión, donde la investigación y la enseñanza-aprendizaje se reclaman mutuamente. Optamos por investigar a partir de metodologías y técnicas que sustentan y alimentan fenómenos comunicacionales y de subjetivación: los sujetos son protagonistas directos, en tanto participan en mediaciones generadas en diversos soportes y lenguajes, con las variables de cada caso: tipos de participación en el proceso y en los productos generados. Como la experiencia de aprendizaje de la investigación en términos comunicacionales fue llevaba a cabo en un medio considerado como necesitado de transformaciones en tal sentido, se pudo sostener una intervención y con ello lograr la triangulación genérica de lo que se denomina una práctica integral.

Las articulaciones específicas entre la investigación, la enseñanza-aprendizaje y la extensión tuvieron sus formas según nuestras perspectivas y el devenir de la experiencia. Pero el núcleo duro del programa y aventura experimentada, el hilo conductor que guió nuestras prácticas, sus derivas, aciertos y errores, fue el de aprender a estudiar las conexiones en ejercicios de conexión, aprender a estudiar la fragmentación en el intento por superarla. Que los resultados hayan contribuido más o menos a ello, es evidente que depende de las múltiples afectaciones presentes en los fenómenos, sus campos de experiencias y estructuras determinantes. Si bien el efecto transformador en la zona siempre será limitado, y en nuestro caso muy acotado por las características propias de los ámbitos institucionales de enseñanza, sus tiempos y requerimientos curriculares, el valor justamente se complementa cuando consideramos lo que cualitativamente se generó en términos de enseñanza-aprendizaje e investigación. De allí el carácter “integral” de esta experiencia.

 

 

La problemática y su abordaje

 

La investigación de los procesos comunicacionales tiene por uno de sus vectores de desarrollo el trabajo sobre la ciudad y las cosas que les pasan y cómo son quienes las construyen y habitan. A su vez, la ciudad y “lo urbano” pueden ser abordados de variadas formas, según las articulaciones de saberes y otras formalizaciones de tipo disciplinario del conocimiento. En nuestro caso creemos interesante indagar en la relación de los procesos comunicacionales y los de subjetivación, es decir aquello que se constituye en lo mediacional en las prácticas humanas de existencia, desde los acontecimientos y lo que allí se pone en juego: contingencia y determinaciones, azar y composiciones, antes, durante y después de las experiencias suscitadas. Maneras, siempre singulares y singularizantes de ser (que podemos pensarlas como costumbres, hábitos, actitudes, disposiciones), tanto estructurantes como estructuradas, son creadas. Su estudio desde lo comunicacional implica el ejercicio de explicitar y problematizar lo mejor posible lo que está implícito entre las tramas de las tradicionales ciencias humanas y sociales: lo cultural, social, psíquico, económico-político.

En tal sentido, los análisis planteados desde la articulación de los procesos comunicacionales y de subjetivación, han venido concentrándose en ciertas temáticas específicas en las últimas décadas: existe una tendencia generalizada a repensar las categorías de espacio y tiempo, como efecto de la llamada crisis de la representación. En otra parte, hemos planteado que dicha crisis fue la que propició la gestación final y buena germinación de las llamadas ciencias de la comunicación, pues responde a lo antes afirmado: pasa a problematizarse aquello que era considerado como dado en las concepciones de cultura, sociedad, psiquis, y en el fondo, del ser de lo humano (Álvarez Pedrosian, 2009). Pero frente a la aparición y generalización de la comunicación a distancia, los impactos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y los discursos que a su vez se generan sobre ello, parecería que lo concebido como lo local, territorial, espacial, perdía interés. En estos últimos años el desarrollo de los estudios puso en evidencia una vez más que estas entidades son diferentes, y que no desaparecen sin más, sino que se hacen más enigmáticas y definitorias para nuestro presente.

Los medios masivos de comunicación a distancia, el ciberespacio inter-activo después, generaron no la muerte del espacio y el tiempo sino su cambio de naturaleza y de nuestra aprehensión. Es así que la espacialidad, en tanto proceso de subjetivación singular que define y es definido por espacios, comenzó a liberarse de una metafísica de la materia que operaba como sustancialización de la misma. Desde la geografía también se plantea la misma supe-ración del “fisicalismo” propio de los positivismos decimonónicos y sus ramificaciones modernas, pues: “… no faltan las referencias al espacio dentro de distintos discursos especializados de las ciencias sociales, en los cuales aparece como algo evidente en sí mismo, o como algo dado. Los lastres de la materialidad autoevidente siguen presentes” (Lindón, 2007: 75) ¿Qué queda, pues, cuando ya no pensamos el espacio y al sujeto que lo habita y construye como una esencia, sea como una mitología de primer grado o como una formalización abstracta? Desde nuestro punto de vista: una lógica compositiva y una ética-estética pragmática. Desde allí se puede estudiar lo que sucede cuando lo extenso, lo mediacional y la singularización, en tanto vectores de subjetivación, se combinan de tal forma que componen la espacialidad (Álvarez Pedrosian, 2011). En ella, a su vez, vemos la problemática desde el punto de vista del tipo de fenómenos que son definidos como comunicacionales, los referidos a lo que comúnmente se concibe como representaciones, expresiones, interacciones y demás, todo lo cual encuentra su denominador común en el carácter mediacional de dichas entidades, a veces pensadas como imaginarios socialmente compartidos que orientan las prácticas de los habitantes en tanto dimensión de asociaciones y metáforas vinculadas a emociones, sensaciones y percepciones; otras como sistemas de valores y sentidos puestos en juego en la vida cotidiana que producen comunicación de una forma más intencional; a veces como determinaciones estructurales que producen y reproducen las condiciones de existencia, todas visiones complementarias y que han venido transitando dicha convergencia en las últimas décadas.

Es así que la producción de sistemas de significación y disposiciones de prácticas presentes en determinados espacios, y la relación entre esta y aquellos, aparece como la base del vector de análisis dentro del que se inscribe fácilmente nuestro planteo. Pero ello ha sido radicalmente problematizado desde las ciencias de la comunicación, justamente cuando ponen al descubierto los supuestos inherentes a la manera de entender lo vincular, el entre los elementos, el devenir en tanto que proceso. Los estudios culturales urbanos oscilaron entre visiones apocalípticas e integradas frente a las transformaciones generadas en las últimas décadas del siglo XX, y de allí se derivan dos polos dentro de los cuales se ha llorado o celebrado la puesta en crisis de la identidad subjetiva, del espacio-tiempo: en la que se retoma la propuesta de De Certeau sobre la necesidad de recuperar los “itinerarios” en medio de la abstracción de una ciudad cosificada por la planificación, y los de Jameson en torno a las nuevas experiencias en el capitalismo tardío buscando redoblar y superar sus efectos (Gorelik, 2002). Existen múltiples formas de hacerlo, y situaciones específicas donde ello constituye un problema que afecta la vida de multitudes, como en nuestro caso. Y cuando se trata de la espacialidad, nos concentramos en la creación de los estares y los tránsitos posibles para toda forma humana de existencia. Lo geográfico y arquitectónico, lo espacial, no es un “hay” neutro y sustancial: en cada configuración cultural y social se dan formas singulares que a su vez caracterizan singularizando a quienes son configurados como sujetos desde la presencia, uso y modificación de las mismas. A través de su rol en los procesos productivos (economía política), en las formas de vida en tanto ecosistemas (ecología), en los procesos de producción de significación y sentidos puestos en práctica (sociología de la cultura), como en la creación de paisajes geográficos (Vite Pérez, 1995), podemos ir paso a paso alcanzando la comprensión del fenómeno en cuestión desde lo que sigue implícito como aquello que opera en el interior de los conflictos e intereses, funciones y normas, sistemas y significaciones (Foucault, 1997). Se trata del diseño de la existencia, en este caso, en la síntesis de aquello que particulariza, singulariza y mediatiza a la vez, es decir en la espacialidad: “El hombre no puede planificar el mundo sin diseñarse a sí mismo” (Schwarz en Norberg-Schulz, 1975: 45).

La composición, por tanto, de nuestro “entorno”, de aquello “en” lo que estamos y somos en parte por ello, es la problemática específica que abordamos aquí, y lo hacemos desde la articulación de los procesos comunicacionales y de subjetivación. Y no es para nada casual, el hecho que la experiencia de lo espacial en nuestras vidas sea en la actualidad un tema de preocupación, una manera de pensar y enunciar los conflictos y las necesidades más urgentes. Un actor genérico y un conjunto de micro-fuerzas particulares está conformado por los colectivos presentes en la Facultad de Ciencias (UdelaR), donde se inscribe parte del equipo y desde donde emergió la necesidad de generar prácticas integrales para comunicarse con el entorno, es decir, generar encuentros, dialógicas entre las partes en un contexto donde la tendencia general es la fragmentación y el aislamiento de cada una en sí misma, e incluso el desconocimiento “recíproco” entre las partes en el peor de los casos. Por tal motivo consideramos que el territorio específico desde el cual realizamos la indagación es más que significativo: una gran heterogeneidad de territorios y territorialidades existentes (asentamientos irregulares, complejos habitacionales genéricos y cooperativos, y amanzanamiento tradicional), más una considerable intervención estatal referida a la enseñanza superior en el área de las ciencias naturales y exactas, todo un universo existencial con conexiones de las más desterritorializadas por las gnoseologías inherentes a las prácticas científicas allí llevadas a cabo.

Las problemáticas concretas se traducen en los términos de la búsqueda de un diálogo efectivo entre la Facultad y su entorno, ya de por sí cargado de todas estas problemáticas más generales y específicas de la zona, las periferias urbanas deterioradas y estigmatizadas de principios del siglo XXI (Wacquant, 2007), el uso del espacio en la contemporaneidad, etc. Por el tipo de configuraciones epistemológicas geográficamente constituidas, y más aún, por una “geofilosofía” específica (Deleuze y Guattari, 1997), resulta que la geografía en general y la humana en concreto, se encuentran inscritas en este conjunto del diagrama institucional de la educación superior y la academia uruguaya. En otras latitudes no es así, y su carácter articulador entre lo considerado como natural y cultural –lo que hace que a veces esté de un lado, a veces del otro– es clave para enriquecer las investigaciones sobre los procesos de comunicación y subjetivación, pues pone en evidencia la naturaleza procesual de tal distinción.

 

¿Cuáles son las cualidades sobresalientes, definitorias en la composición múltiple de territorios y territorialidades en la zona, y qué nos ha dado para pensar? En la búsqueda de esta caracterización, iremos describiendo e interpretando, es decir, construyendo una posible y provisoria solución. Y dicha práctica, tiene la característica de ser efectuada en tanto que intervención y proceso de enseñanza-aprendizaje específico, es decir como una experiencia de integralidad, con lo cual los aspectos cognoscentes están inherentemente vinculados a ciertos procesos de enseñanza y extensión que también se irán presentando como parte de los conocimientos elaborados. Como hemos planteado anteriormente, el carácter problemático de los territorios ya viene dado por lo que se expresa bajo la forma de fragmentación, estigmatización y consiguiente aislamiento de cada parte. Esto hace de la zona una yuxtaposición conflictiva de elementos cerrados sobre sí mismos y enfrentados al contiguo, situación que comparte con otras realidades espaciales en la región y el planeta. La ciudad pasa a ser una entidad plural, la zona un conjunto heteróclito de territorios, las territorialidades entidades subjetivas fuertemente condicionadas por problemas comunicacionales. “Zona roja” desde los medios masivos –a partir de un “acontecimiento re-fundante que culminó con la muerte de un joven de 18 años… a manos de un policía en 2004” (Fraiman y Rossal, 2011: 11)–, el miedo, estigma y la violencia en los vínculos vecinales, la superposición de lógicas institucionales y sus propias intermediaciones, hacen de lo comunicacional “el meollo del asunto”, es decir, el “nodo gordiano”.

 

Para comenzar nuestra exploración, pusimos en juego el conjunto de conceptos que han venido siendo significativos para el estudio de la espacialidad urbana, de la vida en la ciudad, desde la construcción de subjetividad inherente en la conformación de imaginarios sociales y sistemas culturales emergidos en las acciones y prácticas cotidianas de los habitantes. Están en juego el conjunto de las antiguas “facultades” del sujeto trascendental moderno en sus configuraciones empíricas de alcance social: imaginación, percepción, memoria, entendimiento, racionalidad. Pero se reconoce al sujeto como producto y productor de la espacialidad, no como operario abstracto de la misma: “sobre todo, de experiencia emocional del espacio que transforma al “sujeto” anónimo en ciudadano, en nodos de membrecías dinámicas suscitadas por el mundo literalmente a su alcance.” (Jirón, Lange y Bertrand: 2010: 51)

En tanto que sitio, recorrido y pasaje simultáneo, lo espacial del territorio fue abordado en tales elementos: “centro, itinerario y encrucijada” (Augé, 1994: 64), o “barrio, senda y nodo” (Lynch, 1998). A ello se le suman dos más: “borde” y “mojón”, es decir el aspecto referido a la variedad de escalas y conjuntos que define una posición relativa: lo liminal y en lo que se asegura el carácter mediacional gracias a la inscripción e interpretación de las huellas. Pues un barrio en cuanto tal puede ser considerado un mojón y un borde a la vez, o no; lo mismo un sendero y un nodo, según las escalas y puntos de vista considerados. La materialidad y funcionalidad del espacio, visibilizadas a través del paisaje, pueden (y debieran) ser complementadas con la perspectiva vivencial. Aparece allí el aporte de la geografía humanista, representada por ejemplo, en los trabajos de Yi Fu Tuan, que incorporan los “lazos emotivos y simbólicos que convierten el espacio en un lugar (…) examinando fenomenológicamente los mecanismos que ligan positiva y negativamente al hombre con el lugar” (Estébanez, 1982). A partir de la experiencia de los sujetos, Tuan plantea cuatro categorías que dan cuenta de tales vínculos. Denomina topofilia a las experiencias placenteras derivadas de lazos afectivos que establece el hombre con el lugar; pudiéndose dar también, la topolatria cuando el lugar despierta un sentimiento reverencial y mítico. La topofobia es la aversión o el miedo hacia un lugar. Finalmente, la toponegligencia (más común en nuestros tiempos) consiste en la tendencia a perder el sentido por el lugar, resultándole ajeno e impersonal al individuo. Como caja de herramientas, el conjunto de estos conceptos fueron puestos a disposición de los aprendices de investigación para que los usaran junto a los habitantes, es decir los consideraran para analizar los territorios y las territorialidades con una actitud abierta, buscando en lo posible esclarecer todo aquello que emergiera como novedad gracias a dicha intervención preliminar. No hay por tanto hipótesis que verificar ni datos que computar en una axiomática, sino la puesta en práctica de conocimientos y pensamientos en lo inmanente y la generación de nuevos conocimientos y pensamiento gracias a ello y su reconstrucción racional.

 

La elaboración de las cartografías sociales en conjunto con los diversos actores del cotidiano de Malvín Norte, por parte de los estudiantes de geografía humana, y el uso que hicieron los estudiantes de ciencias de la comunicación al registrar la experiencia, al utilizarla como insumo para su audiovisual y pen-sar el conjunto de las demás instancias de campo y rodaje, se hicieron a partir de este conjunto de conceptos sobre las problemáticas esbozadas. Parte del equipo, junto a otros colegas que colaboraron activamente en el proyecto, ya habían llevado a cabo una aproximación que fue la base para nuestra intervención (Álvarez, D. Fonsalía, A. Dobal, G. Hoffmann, F. Coiana, N. Hahn, M. et al., 2010). Las cartografías de este tipo se han pensado como orientadas a diferentes tipos de procesos de subjetivación: sociales, cognitivas (Lynch, 1998; Jameson, 1991), y siempre son de un sujeto en tanto entidad inter y transubjetiva que la produce y es producido por el entramado de este tipo de acciones. Para el ejercicio hemos trabajado en el sentido de la creación de cartografías sobre los territorios elaboradas por grupos de habitantes, algunos residentes, otros persistentes (estudiantes y trabajadores) que pasan y pasarán gran parte de su existencia allí. Hay, por tanto, sujetos individuales y sujetos colectivos, y las cartografías son producto de la comunicación entre estos, sus encuentros-desencuentros, relaciones y desbordes que se manifiestan en diferencias y repeticiones variadas en lo que es considerado como territorio y territorialidad.

Las cartografías son construcciones singulares producidas en acontecimientos, gracias a la participación de estudiantes e investigadores para promover su gestación. Por tanto no son fotografías automáticas de un inconsciente colectivo, reflejos que nos llegan del objeto existente en sí mismo más allá de nuestras prácticas. Como re-creación, su novedad es también transmisión, por lo cual dichas cartografías –que hicieron uso del dibujo a escala media y de la dialógica de un grupo de discusión– son derivados genuinos y productos de una realidad que las excede y de la que forman parte. Las elaboración de estas cartografías en los cuatro colectivos que tomamos como casos, significaron acontecimientos que a su vez constituyeron la materia prima para la creación audiovisual, llevada a cabo a través de cuatro cortos documentales de perfil etnográfico que fueron elaborados. Para algunos fue uno de los hilos principales de la trama argumental, para otros menos, explorando también en tal sentido.

 

 

Malvín Norte: huecos, alturas y visibilidades

 

“Lugares dentro de un mosaico: la verdad de un mosaico está en aquellas pie-zas periféricas y de menor brillo (Benjamin); yuxtaposiciones espaciales, con lógicas diversas comunicadas por el turn over del capital; por el tiempo, con murmullos temporales interiores: es espesor espacial de las diversas comunidades, con líneas, racimos, flujos fractales de tiempo que se dilatan y encogen como un corazón multiplicado.” (Castro Nogueira, 1997: 217)

Para quienes no habitábamos la zona, residiendo o realizando actividades allí por años como estudiar o trabajar, ciertas percepciones e imágenes de esta empezaban a constituirse para nosotros en la experiencia subjetiva del proceso general de investigación, enseñanza y extensión. Las mismas eran fruto de comparaciones y captaciones de diferencias, buscando lo singular y singularizante de los territorios y las territorialidades en cuestión. Lo que tradicionalmente llamamos contrastación de hipótesis, viene dada en la mayor multiplicidad posible de variaciones, variables y variedades de los fenómenos considerados. Al mismo tiempo que determinamos nuestros universos concretos de aplicación del ejercicio, buscamos que ello fuera la plataforma de despegue para la exploración de lo desconocido, en nuestro caso los territorios y las territorialidades existentes. El trabajo de campo con los habitantes y otros sujetos colectivos, el análisis grupal de cada una de las instancias, la producción de cartografías sociales y audiovisuales etnográficos dieron lugar a una fértil condición epistemológica para la producción de conocimiento. De todo ello esbozamos algunas consideraciones preliminares.

La denominación y caracterización de la zona suele ser uno de los elementos fundamentales de la investigación e intervención en estos contextos. Y es que el proceso de producción de sentido y significación, lo que genera las tramas en las que se comprenden las prácticas de los sujetos, es determinante en la forma en que la espacialidad, y la territorialidad en particular, llega o no a generarse. Es el contexto desde el cual se articula con otras dimensiones y procesos de subjetivación. Entre todos los elementos a destacar, el nombre propio es el primer paso ineludible. De allí derivamos a una mirada arqueológica sobre su etimología, sus rasgos sintagmáticos, pero en la pragmática de un uso variado dado en los hechos, tanto en el cotidiano de quienes se encuentran en el territorio, como de quienes construyen otras espacialidades desterritorializadas como es el caso de muchos jóvenes a través de redes sociales como Facebook. Denominar es culminar el proceso primario de construcción de una entidad, que luego irá variando de contenidos y expresiones, pero que ya tiene existencia. En nuestro caso nos encontramos con un sentido abstracto del término, utilizado en su mayoría desde los sectores técnicos, tanto educativos como de políticas públicas y del tercer sector. En algunas zonas existe un barrio específico que porta el nombre que por metonimia es utilizado para toda una zona o pieza urbana, este no es el caso. Es así que Malvín Norte es más ajeno que Malvín Alto, nombre de uno de los más importantes conjuntos de complejos habitacionales de la zona.

En segundo lugar, pudimos esbozar una comparación frente a zonas ubicadas en los bordes de lo urbano, y compartimos la apreciación de una de las cualidades de Malvín Norte: se encuentra rodeada de ciudad. Desde el punto de vista de la planificación urbana es un “área consolidada de la ciudad” (Delgado Dopazo, 2002: 6). De allí se desprende toda una línea de investigación acerca de la historicidad de la zona y su morfología, sus ocupaciones y dinámicas. Está claro el rol que ejerce la Avda. Italia, vía de tránsito de escala metropolitana y nacional, borde que además pone en dualidad el sur con el norte. Puede haber oposición y discriminación de parte de uno sobre el otro, pero no necesariamente. Así la costa al sur, el barrio de sectores medios-altos, opera como arqué, origen y fundación, y es el otro cercano que se distingue fuertemente por el capital económico y desde allí afectando al cultural (Bourdieu, 2000). En términos molares, la zona en su totalidad se extiende desde Malvín hacia el norte, limitada al norte a su vez por otra vía de alcance menor pero igualmente interterritorial, el Camino Carrasco. Sin embargo, la delimitación de Malvín Norte (y de cualquier recorte espacial) depende del “arte” de trazar límites y por tanto de la mirada del artista. Existen por tanto varias delimitaciones oficiales (para el gobierno departamental de Montevideo su límite sur es el arroyo Malvín, mientras que el Instituto Nacional de Estadística lo define en Avda. Italia; existiendo un mayor consenso en el resto de los bordes: Camino Carrasco al norte, Hipólito Yrigoyen al este e Isla de Gaspar al oeste), sumadas a las percepciones de los propios actores que allí residen y/o transitan, reuniendo aún más barrios particulares gracias a la extensión hacia el este. Los mapas cognitivos colectivos que construyeron los actores reflejan la mencionada diversidad. A su vez, la diversidad de límites viene dada en la vertical, ya que la zona mantiene el trazado de caminos haciendo ángulo agudo con los paralelos a la costa que corren este-oeste. Lo interesante del asunto, consiste en poder discutir con los estudiantes la noción misma de límites. Extraña torsión pues, como segunda de las cualidades, que determina un tipo de “desdibujación” (Monge, 2007: 27-28) diferente a las morfológicamente periféricas, con bordes alineados y confor-mando una franja; “hueco” que va llenándose parcialmente y se abre como agujero en medio de uno de los brazos de la trama urbana general. Se indaga-ron también las percepciones que tienen los actores del cotidiano de Malvín Norte respecto a los sitios, otros actores, artefactos urbanos, “allí” presentes.

 

Figura 1: Imagen satelital de Malvín Norte

 

En tercer lugar, como claramente lo expresaba el audiovisual del Grupo 4 y que constituye uno de los ejes centrales de la narración del Grupo 2 (ver Anexo), la Facultad de Ciencias es experimentada, tanto para los residentes de la zona como para los usuarios de la institución universitaria, como ajena (un “monumento”, como manifestaba uno de los vecinos entrevistados, junto a su desconocimiento sobre las actividades que allí se realizan). El repliegue sobre sí mismo del fragmento se nos presentó de una forma diferente a la que conocíamos hasta el momento: la Facultad como una enorme construcción que se yergue por decenas de niveles en vertical. Un gran monumento, un mojón (Lynch, 1998) sin lugar a dudas, pero ¿valorado en qué sentidos? Podría comunicarse de forma intensa, a la búsqueda de encuentros y diálogos, es decir, generar dinámicas de re-territorialización desde el punto de vista de los territorios circundantes, y poner a disposición, comunicar a su vez, todo el caudal de cosas nuevas fruto de su desterritorialidad que la tiene articulada con lo que sucede cotidianamente en una mulitlocalidad planetaria (Marcus, 2001) de otras universidades, instituciones educativas, públicas, de la sociedad civil, etc.

En cuarto término, el carácter de verticalidad de la espacialidad relacionada a la Facultad, resultó ser todo un patrón presente en la zona dados los grandes conjuntos habitacionales que históricamente se han construido, y por lo que ella misma es desde el punto de vista de los imaginarios sociales una zona de edificaciones en altura por excelencia. Esta es otra de las cualidades principales para comprender cómo son las territorialidades en nuestro caso. La visibilidad variablemente compartida con el otro, contiguo o a distancia, la exis-tencia de grandes volúmenes en el paisaje, y por tanto el rol de lo tridimensional y los grandes planos rectangulares y sus superficies, cuerpos y sombras, son comunes a todas las territorialidades existentes en la actualidad en la zona. Si resulta que estamos en un asentamiento como el Aquiles Lanza, se proyectan sobre nosotros miles de posibles miradas arrojadas desde ventanas y azoteas, un conjunto de puntos de vista desde lo alto y alrededor. Desde otras configuraciones, pueden llegar a constituir el horizonte hacia una dirección, como en el caso del barrio en proceso de regularización Boix y Merino, otro de nuestros casos tomados. Y por supuesto, se puede habitar en estos grandes bloques, que a su vez se diferencian entre variadas morfologías y procesos de gestación y habitabilidad. Los otros Malvín Norte que se han ido creando como entornos virtuales en redes sociales en línea, también se muestran fuertemente afectados por estas temáticas, como lo detectaron algunos de nuestros colaboradores al encontrarse con debates en forma de chats y publicaciones sobre los colores de los edificios, sus valores relativos y significación. Nos encontramos con imágenes visuales en formatos fotográficos allí, pero las limitaciones del software al no ser libre, no habilita a que quizás, dichos espacios virtuales también sepan de verticalidades, planos y planicies, grandes panorámicas arrojadas, en la sustancia y forma de expresión de su diseño, estilos y formatos de sus espacialidades desterritorializadas.

 

 

1 Construcción de nuevos complejos cooperativos de viviendas, detrás bloques de Malvín Alto. 2 Panorámica de Boix y Merino y del arroyo Malvín desde la Facultad de Ciencias. 3 Complejo habitacional Euskal Erría, detrás Malvín y la costa, desde Facultad de Ciencias. 4 Plaza central de Boix y Merino, detrás al centro la Facultad de Ciencias. Fotografías de los Equipos EFI Territorios y Territorialidades en Malvín Norte, 2011 y Equipo PAIE-CSIC Carto-grafía social del entorno geográfico de Facultad de Ciencias, 2010

 

Mucho se ha dicho en términos de segregación residencial, exclusión de poblaciones en territorios despojados de ciudadanía, problemas de convivencia en la vida cotidiana, etc. Pero lo interesante, creemos, es poder aportar en la forma de comprender la especificidad de estos fenómenos, y es en la espacialidad donde podemos encontrar un tipo de singularización bien concreta. Su estudio implica tener una mirada compositiva (lógica y estética) que se focalice en las formas de comunicación que diseñan y en las que se deja huella de las formas del habitar. Dicho tipo de estudios conforman cartografías con elementos tanto de los imaginarios urbanos, individuales como colectivos, así como a partir de otro tipo de insumos provenientes de prácticas asociadas a otras dimensiones de procesos de subjetivación (las antiguas “facultades” humanas), en su relacionamiento complejo, tanto percepciones como representaciones más mediatizadas, como ser semióticas e iconologías. Todo ello, a su vez, es puesto en consideración más allá de una visión reduccionista, tanto subjetivista como objetivista. En tal sentido hemos planteado este esbozo preliminar de un cartografiado mucho más denso, de aquellos componentes que podemos catalogar de cualidades estéticas productoras de subjetividad desde su espacialización. Espacio físico, biológico y cultural que es más que la suma de los tres órdenes; rizoma donde uno deviene en el otro y gracias al cual se teje la trama que da cabida a nuestra existencia (Álvarez Pedrosian, 2011).

 

Esperamos poder seguir profundizando en la comprensión de estos habitares presentes en lo que llamamos Malvín Norte. Desde este estudio es viable un tipo de prácticas de planificación urbana más inteligente y consecuente con los propósitos que se plantea, aprovechando los insumos que las ciencias de la comunicación, en conjunción con otras miradas y saberes, es factible de ofrecer. Si se quiere intervenir desde la creación de nuevas espacialidades, es importante tomar en cuenta el tipo de comunicación existente en los territorios, es decir las territorialidades en tanto formas de llevar a cabo las mediaciones en todos sus niveles y dimensiones.

 

 

Por más información entrá al blog Territorios y territorialidades en Malvín Norte

 

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